
Marilyn era una belleza natural. La cámara la amaba y ella amaba a la cámara. Tenía una sonrisa radiante y espontánea que traspasaba el objetivo de la cámara y llegaba al espectador.

Durante la guerra trabajó en una fábrica y cuentan que allí la descubrió un fotógrafo de la Armada. Ella es la escogida para salir en las fotos, y para sorpresa de todos no necesita ninguna lección de como ha de posar. No en vano ha aprendido poco a poco sus movimientos y conoce a la perfección las reacciones que estos provocan entre los obreros, camioneros y militares. Después de este hecho decide abandonar la fábrica y dedicarse de lleno al trabajo de modelo. Recomendada por su descubridor, conoce a Emmeline Snively, de la agencia de modelos Blue Book, y empieza a ir a clases nocturnas. Su sonrisa radiante empieza a aparecer en las portadas de Laff, Peek y See.
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